SMOKE AND MIRRORS

Vale. De entrada el título en inglés. Porque… pues es más cosmopolita, más universal, y el inglés es la nueva lingua franca… y suena mejor, ¿no?

¿Mejor? ¿Mejor que qué? ¿Mejor que “humo y espejos”? Esa, la traducción literal, no es la más elegante (aunque, en lo personal no me disgusta) para expresar el sentido de la expresión inglesa que, como metonimia del arte del ilusionismo, en inglés resulta fonéticamente muy acertada. Pero de que hay opciones… Sin embargo este artículo no es sobre traducciones ni magia. Aunque sí, de alguna forma, sobre aquello que de ilusionismo tienen la mercadotecnia y la comunicación publicitaria.

Entre las muchas cosas que no acabo de entender cabalmente está la esquizofrenia cultural que tenemos los mexicanos.

Partimos siempre del orgullo incuestionado (¿y desmedido?) de nuestras raíces, de nuestra identidad, de nuestro acerbo literario, de la belleza de nuestra lengua, para acto seguido ponerle a la taquería que vamos a inaugurar “Paco’s tacos”, o peor aún, “Paco’s Taco’s” conflagrando el malinchismo con la ignorancia.

Aunque también hay los creativos que ofrecen variantes elaboradas en ingeniosas: “Paco’s corny roll-ups”.

El punto es, ¿qué explica y justifica la creciente tendencia de favorecer los nombres, taglines y eslogans en inglés cuando el auditorio objetivo es eminentemente nacional? ¿Qué hace mejor a “Paco’s tacos” que “Los tacos de Paco”? ¿Por qué nombrar y calificar a la empresa como si estuviéramos en Atlanta: Yadiria’s Rags Boutique, casual fashion?

Realmente no pretendo responder mis propias preguntas, pero sí abrir el debate y escuchar las justificaciones de esta tendencia que me parece infantiloide y contradictoria.

Y continúo preguntando, ¿esto se debe a una ausencia real de términos equivalentes en nuestro idioma?¿O el inglés le da una patina de calidad a las cosas o servicios? ¿Implica, por asociación con la cultura empresarial y operativa de los norteamericanos, una superioridad a cualquier producto o servicio nombrado o descrito en español? ¿Es simplemente una cuestión fonética (incomprensible en un país donde el grueso de los bilingües pronuncian como beodos, como si trajeran en la boca el “chisburguer” que tratan de nombrar, o como si el acto de vocalizarlas fuera realmente una forma de venganza, de torturar a las palabras)? ¿O una incuestionable, por incuestionada, certeza de la internacionalización que alcanzarán un día las empresas o productos?

Tal vez la justificación final sea, ¿por qué no? Lo que nos refiere a mi adorado Zorba y su maravillosa respuesta a las demandas de racionalización de su amigo y socio Basil: “for the sake of it” (“porque sí”).

Y entonces, mientras se asuman digna y estoicamente las consecuencias, todo se vale, y nada es cuestionable. El encanto de la anarquía.

Miguel Ángel González Zaragoza

DERECHOS RESERVADOS.

 

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