PERCEPCIÓN… ¿ES REALIDAD?

 

“cuando uso una palabra,

esa palabra significa

lo que yo quiero que signifique.”

 Humpty Dumpty / Lewis Carroll

De entrada, una historia verídica.

 

Julio Haro, diseñador gráfico, compositor, cantante, co-creador del Personal, y cínico en proporción directa a su inteligencia (o sea, inmensamente) me contó una vez que había visto un OVNI. Iba manejando una tarde, a la caída del sol, cuando en el espejo retrovisor vio una esfera luminosa que se posicionaba detrás de su auto y, flotando a una altura indefinida sobre la carretera, lo empezaba a seguir.

“Se me puso la piel chinita – me contó-, ahí estaba la prueba de que eran reales, de que sí existían”.

Por supuesto, unos instantes después cayó en cuenta de que lo que veía era sólo un juego de reflejos. “Pero por un instante, dijo, lo viví como una realidad incuestionable. En ese instante vi un ovni. Así lo viví, y eso nadie me lo va a quitar”.

Pero Julio, como ya dije, era muy inteligente y con su siguiente gesto me dijo, “ya sé…”

. . . . .

Una mantra frecuente entre colegas de la comunicación es que “percepción es realidad”. Y es fácil caer en el embrujo de este sofisma porque mucho de nuestro quehacer es equiparable al ilusionismo. En la promoción de un producto, de una marca, de un partido político, nos resulta más atractivo y conveniente recurrir al confeti, oropel y serpentinas de lo que aspiramos a parecer que a la honesta desnudez de lo que se es.

Un recurso común es ofrecerle a las audiencias una imagen que proyecte los valores y emociones prevalentes en la psique social sin que estos tengan una relación real y demostrable con la empresa, producto o institución. Es posible que, como profesionales que somos, parte de nuestra labor sean la suspensión de juicio sobre nuestros clientes y el beneficio de la duda (como los abogados, que deben partir siempre de la presunción de la inocencia de sus representados –salvo que haya confesión de por medio, en cuyo caso la labor es paliativa). En consecuencia, actuamos y diseñamos mensajes que refuerzan ese deseo de cosas buenas y soluciones fáciles y opciones pre-digeridas que tanto ansía una población abrumada por las crecientes demandas de la realidad cotidiana.

Y en este juego de espejos la emoción es el factor clave. Porque la emoción es irracional y es también motor de acción.

El peligro de todo esto es que ese es el mismo fundamento argumental que usa el embaucador, el all-american con-artist, para el abuso de confianza. Para muestra basta un Drumpf.

Más malo aún es cuando nosotros mismos empezamos a creer en la mantra porque siempre es inevitable que el espejismo creado se vaya desvaneciendo ante los dos jueces insobornables: el escrutinio inteligente, y el tiempo. Entonces no queda más remedio que darle otro rostro al Mago de Oz y seguir el juego del nada por aquí, nada por acá (que es la única parte cierta del acto).

Así que rectifiquemos. NO. Percepción NO es realidad. La realidad es simple, directa y ajena a modas y tendencias. Es, además, algo que las nuevas generaciones están aprendiendo a asumir sin necesidad de artificios. Y si en nuestro ámbito profesional nos gusta hablar de que estamos a la altura de los tiempos, es hora que eso sea más que una postura o un eslogan.

 

MAGZ

Derechos Reservados

Febrero 2017

 

 

 

 

 

 

 

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