Blasfemar Para Crecer

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Quienes quieran una lectura fácil o reconfortante será mejor que dejen este texto y le vuelvan la espalda a esta columna.

Quienes encuentren esta y las siguientes aportaciones fáciles y reconfortantes… también; puesto que seguramente ya van más lejos que este redactor y aunque verse en concordancia con estas ideas pudiera resultarles agradable, la verdad es que no les dará, lectores, validación. Además, el gusto que sientan al verse reflejados en ellas acaso sea sólo vanidad.

La definición de blasfemia está asociada, principalmente, a cualquier irreverencia o cuestionamiento a una deidad o religión. Más específicamente, así se le denomina a cualquier idea o declaración que rebate o niega algún tipo de creencia. Por extensión, esto término se suele aplicar figurativamente al rechazo de axiomas de carácter filosófico, ideológico y social.

A la blasfemia, por lo general, se le ve con repugnancia. Hay una fobia instintiva hacia todo aquello que devalúa creencias y valores que, de una forma u otra, nos ayudan a definirnos. Valores que en su gran mayoría se convierten en “verdades” incuestionables: dogmas. El problema con los dogmas es que si bien pudieran usarse como el fundamento, los cimientos del edificio intelectual que ilumina a la sociedad, la realidad es que acaban convirtiéndose en los bloques con los que se construye el dique que detiene el flujo de la ideas.

Otro aspecto importante a considerar respecto a la blasfemia es que es ofensiva. No en sí misma, pero sí inevitablemente. Y eso se debe a la enorme inversión emocional y afectiva que ponemos en nuestras creencias, y su relación directa con nuestra autoestima. Pero, a fin de cuentas, eso es problema de los ofendidos.

Y resulta muy interesante que, fuera de su ámbito, casi todos los dogmas (si no es que TODOS) son blasfemos en mayor o menor medida (me corrijo, no “en mayor o menor medida” – la blasfemia no tiene medias tintas, es o no es). Sólo que, cuando eso les sucede a nuestras “verdades”, desde el cobijo de nuestras creencias y firmemente apoyados en la certeza de ser partícipes de la verdad última, nos damos el lujo de mirar con superioridad, desde nuestro pedestal, a todos los demás.

Esa certeza incuestionable es el cemento que le da inmutabilidad a las piedras del dique. Se le llama Fé, y es más peligrosa que… pero eso es tema para otro artículo… en otro foro.

Todo lo anterior para explicar la naturaleza de esta columna.

¿Y qué tiene todo esto que ver con nuestros clientes?

Veamos, lo mío es la comunicación. Es desarrollar para tu empresa, para tu marca, las estrategias y mensajes que mejor la proyecten hacia tus objetivos de negocio. Esta es una labor que involucra, en un equilibrio dinámico muy complejo, procesos racionales y creativos.

Tal vez sí haya grandes verdades. Tal vez sí haya axiomas universales. Tal vez sí haya principios establecidos que nos lleven al punto donde quieres estar. Tal vez el hilo negro sea la respuesta…

… pero para lograr el éxito en la comunicación y más aún en la creatividad, es esencial la libertad de pensar lo impensable. Y creo, además, que esto se aplica a todos los ámbitos del devenir humano so riesgo del estancamiento y la atrofia.

Para crecer hay que blasfemar.

© miguel ángel gonzález zaragoza
20.06.13

 

MIGUEL ÁNGEL “kopi luwak” GONZÁLEZ – Dirección & Producción Audiovisual
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